Monday, March 17, 2014

10 desde el 11...

¡Buenos días!
Hoy os dejo con una reflexión que escribí el otro día a raíz del décimo aniversario del 11-M.
A ver qué os parece.


13 de marzo de 2014. Diez años y dos días han transcurrido desde que España sufriera el mayor atentado terrorista de toda su historia.
Ríos de tinta se han escrito ya sobre la reacción del gobierno tras el atentado, sobre el papel de los medios de comunicación en la difusión de aquella falacia referente al terrorismo vasco y, por supuesto, sobre las teorías conspirativas del 11-M.
Una década después ya no hay prácticamente información nueva que ofrecer, y no obstante, los medios de comunicación se han vuelto a poblar de innumerables memoriales, entrevistas y reflexiones acerca de aquella horrible tragedia.

Considero que no es este un tema baladí como para permitirse el lujo de hacer asunciones o acusaciones a la ligera. No entraré, por tanto, en el debate de si, como bien dice en El País el entonces presidente del Círculo de Corresponsales extranjeros en Madrid, Steven Adolf, aquello fue una manipulación consciente o una gestión nefasta (aunque sí les recomiendo que lean el artículo).

Sin embargo, de entre toda esta maraña de opiniones y argumentos que he estado leyendo me gustaría rescatar (con extremada precaución) una idea concreta. España adolece un vicio intrínseco que no distingue de ideología o partido político: la politización de todos y cada uno de los sucesos. Y por supuesto, la tragedia del 11-M no ha sido una excepción.

Actores políticos y mediáticos (y ¡ojo! gente de a pie como tu y como yo) de uno y otro bando han utilizado esta desgracia durante años para perseguir fines particulares que, por supuesto, nada tenían que ver con esclarecer aquella situación y que andaban muy lejos de confortar lo más mínimo a víctimas y afectados.
¡Que malo es cuando la política intoxica el discurso hasta el punto en el que se pierde la capacidad de discernir con objetividad! Este tipo de actuaciones, que como sociedad  hemos tolerado, han atentado directamente contra todos ellos, y, en lo que a mi respecta, sus promotores no son merecedores de ningún tipo de deferencia.

Y yo me pregunto, ¿hasta cuando?

He querido hacer esta reflexión para pedir a mi generación (esta generación de jóvenes en la que tengo depositada toda mi confianza) una única cosa: una aproximación a los sucesos sin sesgos ni prejuicios, y un uso racional y ético de la política. Acabemos de una vez con la politización abusiva y sin sentido y empecemos a construir una sociedad con criterio. 

¡Feliz semana!
☮, ♥ 
Amaia

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